¿Qué es la asertividad?

“Cualquiera puede enfadarse, eso es algo sencillo: pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.” (Aristóteles. Ética a Nicómano)

La palabra asertivo, de aserto, proviene del latín assertus y quiere decir “afirmación de la certeza de una cosa”. La asertividad supone poder comunicarse de manera abierta y clara. Es un modelo de relación interpersonal que consiste en conocer los propios derechos y defenderlos, respetando a los demás. La persona asertiva es capaz de actuar y hablar en base a hechos concretos y objetivos; es capaz de autoafirmarse, siendo al mismo tiempo gentil y considerado/a; no es agresivo/a, está dispuesto/a a dirigir, así como a dejar que otros dirijan; pide lo que necesita, dice lo que piensa, y expresa lo que siente, con respeto.

Existen tres estilos de comunicación interpersonal, y la asertividad es el punto medio entre los dos extremos: Una de las razones por la cual la gente es poco asertiva, es debido a que piensan que no tienen derecho a sus creencias, derechos u opiniones. La asertividad es una habilidad que puede ser aprendida a través de un entrenamiento: el derecho a tener sus propias necesidades, a pedir lo que quiere, derecho a cambiar de opinión, derecho a quejarse o protestar cuando no se siente respetado/a, etc… Lo que no hay que olvidar es que éstos son derechos de cada uno y, al mismo, deberes: el de respetar todos esos derechos en los demás.

Existen muchas creencias que influyen en nuestra afirmación verbal y nos hacen no ser asertivos. Un ejemplo de ello son los debería. Hay que diferenciar entre lo que deseo, lo que debo y los debería. El “debería” puede incluirse en la categoría de las estructuras manipulativas empleadas para obligarnos a hacer algo que otra persona quiere que hagamos, o nos hemos impuesto nosotros mismos para resolver nuestra inseguridad sobre lo que podemos o no podemos hacer. Es una estructura manipulativa que implica un juicio (de alguien, de uno mismo, o de la misma sociedad y sus convencionalismos). Ejemplos: debería acompañarle, no debería decirle que no, debería ir, no debería dejarla, etc. Estos deberías son trampas para la asertividad.

Aquí exponemos unos ejemplos sobre creencias falsas que hacen que la persona se comporte de forma no asertiva:

No hay que interrumpir nunca a la gente. Interrumpir es de mala educación. (No debería…)

– Usted tiene derecho a interrumpir a su interlocutor para pedir una explicación.

Los problemas de uno no le interesan a nadie más y no hay que hacerles perder el tiempo escuchándolos (No debería…)

– Usted tiene derecho a pedir ayuda o apoyo emocional.

Hay que adaptarse a los demás, si no, es posible arriesgarnos a perder una amistad. (No debería…)

– Usted tiene derecho a decir “NO”.

Cuando alguien tiene un problema hay que ayudarle. (Debería…)

– Usted tiene el derecho de decidir cuándo prestar ayuda a los demás y cuándo no.

Ser asertivo implica también estar dispuesto a dialogar, a explicar lo que nos hace sentir bien o mal, y no pensar que el otro debe adivinarlo. Tampoco podemos esperar que nuestros deseos se vean siempre satisfechos. Lo que nos gustaría no debe convertirse en una exigencia para el otro. Asertividad es expresarse y dejar que el otro se exprese, escucharse y escuchar, respetarse y respetar, vivir y dejar vivir… Tenemos que contemplar siempre la posibilidad de que el otro actúe de buena fe y de que sus motivos sean tan nobles y razonables como los nuestros. Muchas veces nuestra falta de asertividad nos hace sentir impotencia y frustración, y descargamos la rabia con las personas más cercanas. A medida que aprendemos a expresarnos con asertividad somos capaces de manejar mejor las situaciones conflictivas y nos volvemos más comprensivos, más tolerantes.

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