¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es un mecanismo de supervivencia heredado filogenéticamente. Es una respuesta del cuerpo que nos permite actuar en situaciones de supervivencia de tres formas distintas: huyendo, luchando o quedándose paralizado. Esta respuesta natural del ser humano, como sistema defensivo ante cualquier peligro, ha ido aumentando en complejidad y eficacia. 

Así podemos decir que la ansiedad no es mala, es un proceso natural, y sobre todo, es inevitable. Por ejemplo, nos ponemos ansiosos ante una situación difícil de manejar o novedosa, y en nuestro organismo se desencadenan toda una serie de reacciones para afrontar la situación de la manera más eficaz. Por ejemplo, el corazón se acelera, para enviar más sangre a los músculos, la respiración se hace más rápida, para aportar una mayor cantidad de oxígeno para la actividad física, aumenta la sudoración, etc.

El problema viene cuando todo este sistema se dispara porque la persona percibe un peligro real donde no lo hay. Su organismo realiza una descarga hormonal enorme para afrontar un peligro, para salir corriendo o luchar, y todo este sobreesfuerzo resulta inservible, se acumula tensión y el resultado es un terrible cansancio por toda la energía desplegada, dejando como resultado sensaciones de malestar, dolores musculares y una acumulación de oxígeno en el cerebro que puede provocar mareos u otras sensaciones muy desagradables.

Tener ansiedad es muy diferente a tener un trastorno de ansiedad. En los trastornos, el programa de ansiedad se pone en marcha en situaciones que, en principio no implican peligro, o que el riesgo realmente mínimo. Lo patológico de un trastorno de ansiedad no es en sí la propia reacción de ansiedad, sino que ésta se dispara innecesariamente, como una “falsa alarma”.

Existen varios tipos de ansiedad (fobias, hipocondría…), y en todos ellos la respuesta fisiológica se desata de la misma forma, pero ante diferentes estímulos que hay que analizar en cada caso. Por ejemplo, en la ansiedad generalizada, la persona no puede dejar de preocuparse sobre la posibilidad de que le sucedan desgracias, a él mismo o a personas cercanas y significativas, como sus familiares.

Los contenidos más frecuentes de la preocupación son: tener problemas económicos, tener dificultades en el trabajo, que los seres queridos sean víctimas de una enfermedad o accidente, etc. En el trastorno de pánico se teme que ocurran desgracias muy dramáticas y personales, como morir, tener un ataque al corazón, volverse loco, perder el control, ahogarse o desmayarse. Simultáneamente a estos pensamientos, el sujeto nota sensaciones fisiológicas muy desagradables como taquicardia, dolor, pinchazos, sensación de ahogo, etc.

¿CÓMO TRATAR LOS TRASTORNOS DE ANSIEDAD?

Tras la evaluación del caso de cada paciente, es necesario realizar el adecuado el análisis funcional. Los tratamientos que mejores resultados están obteniendo en la actualidad están dentro de la terapia “cognitivo-conductual”. El tratamiento va encaminado a que la persona sea capaz de afrontar su temor, primero siendo consciente de cómo se ha instalado el problema de ansiedad en su cerebro, y posteriormente, dotando de los recursos para que poco a poco pueda afrontarlo y superarlo.

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